En mayo de 2024 se realizó una encuesta en Estados Unidos en la que participaron más de 1000 estudiantes universitarios. Los resultados revelaron que el 82% de ellos había utilizado herramientas de inteligencia artificial (IA) en trabajos escolares1. Para dimensionar esto, estamos hablando de que, apenas un año y seis meses después del lanzamiento de la primera versión pública de ChatGPT en noviembre de 2022, una gran mayoría de estudiantes ya usaba de estas tecnologías. A casi un año de dicha encuesta, no sería sorprendente que alrededor del 95% de los estudiantes actualmente hayan recurrido a herramientas de IA para facilitar sus labores académicas.

Durante los últimos tres meses me he dedicado intensamente a investigar cómo la inteligencia artificial influye en el comportamiento humano. Cuando me preguntan sobre mi trabajo, respondo medio en broma, pero completamente en serio, que me dedico a investigar cómo usar inteligencia artificial sin quedarnos idiotas. Ante las risas y la curiosidad de las personas, explico que cuando utilizamos estas tecnologías, inevitablemente sacrificamos parte del proceso crítico y reflexivo inherente a ciertas tareas. Y al hacer esto, estamos dejando a un lado el desarrollo de importantes habilidades cognitivas. La más preocupante para mí es el aprendizaje.

Genuinamente no tengo claro si esto sea positivo o negativo. Hace unos 10 años, cuando comencé mi licenciatura, recuerdo claramente cómo insistían en que era indispensable saber programar para encontrar un buen trabajo. Hoy, tengo mis dudas sobre si realmente es necesario saber programar.

Aprendí a programar por toda la gente que decía lo importante que era, pero ahora casi no escribo código. La razón es sencilla: utilizo herramientas de IA a las que simplemente les doy instrucciones sobre qué necesito programar. Dichas herramientas me entregan el código, lo copio y pego para probarlo, y cuando surge un error, copio y pego el código junto con el error en alguna herramienta de IA y, generalmente, obtengo la solución a la primera. De las 2,000 líneas de código que he generado en las últimas dos semanas, a lo mucho he escrito cuatro, siendo honesto, probablemente solo dos. Esto me lleva a preguntarme seriamente si realmente es fundamental aprender programación tradicionalmente, o si el aprendizaje que sacrificamos al utilizar IA podría considerarse una pérdida aceptable ante la eficiencia ganada.

Lo que sí tengo claro es que el mundo cambió, y lo hizo para siempre. Por lo que también debemos cambiar en la manera en que trabajamos, enseñamos y aprendemos. Sin embargo, debemos mantenernos atentos y críticos ante ciertos aspectos de estas tecnologías. Me gustaría destacar algunos puntos clave:

  1. Las herramientas de inteligencia artificial no son infalibles y cometen errores. Un grave error que personalmente he cometido ha sido confiar ciegamente en ellas. Debemos mantener siempre un pensamiento crítico frente a sus respuestas.
  2. Es esencial reconocer los sesgos presentes en las respuestas generadas por las IA. Muchas veces estos sesgos reflejan una visión del mundo dominada por perspectivas específicas, usualmente occidentales, masculinas y eurocentristas, excluyendo o minimizando conocimientos provenientes de comunidades indígenas o minoritarias cuyo saber no está ampliamente documentado en internet. Esto sucede principalmente porque los datos que entrenan a estos modelos provienen predominantemente de dichas fuentes.
  3. No todos tienen acceso equitativo a las herramientas de inteligencia artificial. No todos los estudiantes ni profesores cuentan con la posibilidad o el conocimiento para aprovecharlas adecuadamente. Al desarrollar contenido o materiales educativos, es fundamental considerar esta brecha digital y no asumir universalidad en el acceso.
  4. No confiemos en los detectores de inteligencia artificial. Existe un artículo muy interesante en el que se sometió la Constitución de Estados Unidos a un detector de IA, y éste concluyó incorrectamente que había sido redactada utilizando inteligencia artificial2. Los mismos creadores de ChatGPT tuvieron que retirar su herramienta detectora de IA debido a la alta cantidad de falsos positivos3. Es importante no confiar ciegamente en estas herramientas de detección, en especial para su implementación en salones de clases.
  5. Finalmente, es crucial no subestimar el impacto de estas tecnologías. Cuando nuestros ancestros plasmaron imágenes en las paredes de las cuevas, jamás imaginaron que estaban sentando las bases para la escritura. Del mismo modo, al desarrollar la escritura nunca previeron que derivaría en la creación de libros, y menos aún imaginaron que la invención de la imprenta revolucionaría la difusión del conocimiento globalmente.

Quizás hoy, con la inteligencia artificial, estamos en una etapa comparable a cuando inventamos la escritura. Tal vez no somos capaces aún de dimensionar plenamente su impacto a largo plazo. Es posible que estemos siendo testigos del surgimiento de algo cuyo impacto será tan trascendental que cambiará no solo nuestra sociedad actual, sino también la de futuras generaciones.

Lo que sí podemos hacer es prepararnos. Porque, en definitiva, lo que he aprendido estos últimos meses es que probablemente la inteligencia artificial no nos quitará directamente nuestros trabajos, sino que nos los quitarán aquellas personas que mejor sepan usar la inteligencia artificial en el corto plazo. Y lo mejor que podemos hacer —nos guste o no— es prepararnos para lo que viene.

Bibliografía:
1) Impact Research. (2024). AI Chatbots in Schools: Findings from a Poll of K-12 Teachers, Students, Parents, and College Undergraduates. National Schools Tech Tracker, May 2024.

2) Edwards, B. (2023, July 14). Why AI detectors think the US Constitution was written by AI. Ars Technica. https://arstechnica.com/information-technology/2023/07/why-ai-detectors-think-the-us-constitution-was-written-by-ai

3) Nelson, J. (2023, July 24). OpenAI quietly shuts down its AI detection tool. Decrypt. https://decrypt.co/149826/openai-quietly-shutters-its-ai-detection-tool

Etienne De Jesús Ricardez Garcia,
Egresado de la Licenciatura en Economía /Bachelor´s Degree in Economics, generación 2020.

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