Jorge Martínez Valderrama

Jorge Martínez Valderrama

La música ha sido narrada, analizada y explicada por artistas, filósofos y melómanos a lo largo de la historia, bajo múltiples e incluso contradictorias acepciones. Sin embargo, más allá de su definición, o si existen convenciones universales, la música está presente de manera crucial en la conformación cultural de las comunidades del mundo.

La tradición occidental ha impulsado un sistema musical propio, basado en la organización estructural de notas, armonías y ritmos, esquema con el que se constituyen géneros y estilos, tanto académicos como populares, antiguos y modernos. Se han establecido además, cánones estéticos y prácticas estrictas de ejecución – interpretación – escucha y consumo, resultado de ideologías, creencias y herencias culturales, pero también de configuraciones arquetípicas y paradigmáticas generadas por las distintas industrias culturales, creativas, económicas y políticas en cada momento histórico.

Existe desde siempre y paralelamente, un interés por descubrir distintas formas de concebir y escuchar la música, por ejercer modos alternos de percepción, creación y experiencia sonora. Diversas ideas han sido plasmadas en propuestas artísticas dentro de la música, el campo de la música contemporánea, electro-acústica y experimental es un ejemplo de ello. Fuera de los contextos estrictamente musicales, distintos artistas han utilizado el sonido como fuente y materia prima para elaborar discursos estéticos singulares.

El concepto de paisaje sonoro fue acuñado por el compositor y catedrático canadiense  Murray Schafer (1933—) y marcó el comienzo de una nueva comprensión y percepción  del acto de escuchar, reconfigurada bajo nuevos elementos estéticos de conciencia y atención dirigida al contexto, al ambiente, a la interacción de los elementos vivos, naturales, orgánicos, artificiales o industriales de un espacio determinado. Es un concepto que se relaciona con las artes sonoras pero que ha influenciado a músicos y artistas de otras disciplinas. Más allá de ser una forma, género o corriente dentro de la música o el arte sonoro, es una filosofía que trasciende el arte. Se trata concebir un espacio de escucha y memoria como una composición incidental, fortuita, imprevisible y súbita; donde podemos encontrar sentidos estéticos significativos para nosotros. Los paisajes sonoros están en todas partes: los entornos naturales, espacios urbanos, domésticos, artificiales, etcétera.

Uno de los temas centrales dentro del estudio de los paisajes sonoros es la relación de las comunidades con sus territorios. En los espacios urbanos, la sobre población, las dinámicas citadinas, el uso desmesurado de transportes motorizados, el volumen, equipos y dispositivos para la escucha musical comprometen a nuestros oídos por los altos decibeles y exceso de información sonora. Esto ha provocado un distanciamiento con la escucha consciente de nuestros entornos, que sería esencial recuperar.

Las comunidades mesoamericanas ancestrales poseían una profunda conexión con sus paisajes sonoros, sabían escuchar a la naturaleza y entender la configuración de los sistemas vivos de su entorno. La presencia, ausencia, o alteraciones en los sonidos de aves, insectos y otro tipo de vida animal, les brindaba información importante sobre eventos naturales, ciclos, dinámicas, problemáticas o equilibrio de sus ecosistemas. Por otra parte, confeccionaban objetos o artefactos sonoros que imitaban el sonido de las aves, reptiles, insectos, mamíferos, el viento, la lluvia, el trueno, y otros fenómenos naturales; estos sonidos eran escuchados, comprendidos y replicados para relacionarse con los elementos, así como para simbolizar y honrar el poder sagrado de la naturaleza. Las comunidades se extienden a sus paisajes sonoros y los paisajes resuenan hacia sus cosmogonías, esto se traduce como valor cultural desde una perspectiva aural.

El arte y la ciencia se han referido al concepto de Ecología Acústica para el estudio de los paisajes sonoros naturales. Su fundamento se centra en la escucha, la percepción y la experimentación de sensaciones aurales integrales y plenas, contempla la noción de la coexistencia y la interacción de los sonidos dentro de un entorno específico, de los elementos, los fenómenos y cuerpos sonoros.

Los artistas hoy día emplean distintas formas o técnicas para componer paisajes sonoros mediante la grabación de campo (in situ), el uso de instrumentos o artefactos sonoros, o a través de representaciones poéticas desde la música y la generación de materiales sonoros a través de nuevas herramientas tecnológicas. El propósito de esta práctica es evocar, recrear o rescatar paisajes sonoros reales o artificiales, e imaginar mundos posibles.

Tanto el compositor, como el oyente, debe pensar no solamente en términos técnicos musicales, ni preocuparse únicamente por los elementos estéticos, la poética y la carga emocional. El paisaje como forma de arte sonoro, puede implicar procesos de composición musical, pero además enfatiza la importancia de generar entornos propicios para la escucha. Reflexiona sobre las cualidades y características tímbricas de los instrumentos, objetos o cuerpos sonoros, su comportamiento e interacción entre sí, la distribución en el espectro armónico y el espacio físico. Considera el fenómeno acústico y la relación de los sonidos con el espacio y la materialidad que lo conforma, sus dimensiones y formas, la reverberación y las resonancias. El paisaje sonoro sugiere habitar el espacio y experimentar nuevas sensaciones auditivas para reconocernos a nosotros mismos como parte de un mismo ámbito aural.

Para poder escuchar la música, los paisajes, los espacios acústicos, y poder conectar con los mensajes y todos los elementos comunicativos de la expresividad sonora, debemos disociarnos de nuestra propia antropología, de nuestra propia lengua, de nuestras verdades absolutistas, para abrirnos y dejarnos transformar. Será fundamental reflexionar, cuestionar y tomar acción ante lo que el sonido nos comunica, ya sea en un contexto musical o un paisaje natural, de esta manera podemos expandir nuestra consciencia y experiencia hacia un plano mucho más consciente, responsable y significativo.


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