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Estudié la Licenciatura en Ciencia Política hace unos años. Recuerdo que elegí estudiar dicho programa porque en nuestro país hay mucho por hacer para mejorar las condiciones de vida de una gran parte de la población mexicana. El Dr. Leandro Rodriguez, mi mentor del Programa de Honores de la universidad, me preguntó cuál era mi tema de interés para redactar mi tesis. Al comentarle que eran las comunidades indígenas y su inclusión en políticas públicas de México, me dijo que fuera a vivir y convivir con alguna comunidad para poder hablar con sus habitantes y poder entenderlos, aunque fuera un poco. Ese día fue mi primera introducción a cómo lo práctico es fundamental para poder construir programas y políticas públicas de manera inclusiva, informada y tomando en cuenta el punto de vista de los beneficiarios.
Recuerdo llegar a Tlatlauquitepec, un pueblo mágico en la Sierra Norte de Puebla, y pensar que iba a saber lo que me iban a decir sus habitantes. Pensé saber lo que esperaban del programa, así como el tipo de vida que les gustaría llevar. Sin embargo, al hacer más entrevistas de grupo, más me daba cuenta de lo equivocada que estaba al pensar saber cómo los pueblos originarios viven y desean vivir. El convivir con diferentes comunidades por casi tres meses, me hizo entender que una política pública no puede ser construida sin lo práctico. Al ser responsables de la toma de decisiones de programas y sus beneficiarios, se requiere conocer a dichas personas. Sus necesidades deben ser tomadas en cuenta al fomentar su inclusión y participación. No podemos ser futuros representantes tomando decisiones a ciegas. Estudiamos en el campo de las ciencias sociales con el fin de mejor la comunidad de la que todos somos parte.
Pasando unos años, empecé a aplicar a mi maestría en el extranjero. Siempre fue mi sueño estudiar fuera del país, ya que consideraba que los conocimientos adquiridos en el extranjero se podrían replicar y adaptar en México. Fui admitida en Lund University en Suecia para cursar la Maestría en Teorías del Desarrollo. Siendo Suecia un país con programas e instituciones públicas efectivas, pensé que no habría un mejor destino para cursar mi posgrado. Sin embargo, acabo de terminar mi primer año y se puede resumir a un acercamiento meramente teórico. Al conversar con mis compañeros, europeos la mayoría de ellos, me comentaron que el enfoque teórico es un pilar de los estudios en todo Europa. La mayoría de mis compañeros no han cursado prácticas profesionales o trabajado en el campo. A pesar de que en la UDLAP tuve numerosos cursos de teoría para tener un acercamiento a los teóricos clásicos, así como contemporáneos, en la mayoría de mis programas teníamos ejercicios prácticos para poder empezar a aplicar la teoría.
Algo que siempre me quedó claro es: la práctica es la gran excepción a la teoría. Nos puede guiar e iluminar, pero la práctica requiere de mucha creatividad y razonamiento crítico para poder lograr un resultado positivo. El contraste que he experimentado al estudiar en Suecia es que nos empapan de teorías, con sus términos y herramientas, para poder hacer un análisis profesional. Al principio estaba renuente de utilizar la teoría como base de futuros análisis prácticos. Mi pensamiento era: vivimos en un país lleno de necesidades donde no hay tiempo de pensar, solamente de actuar. Mi perspectiva cambió con mi último trabajo de entrega de materias de mi programa. Decidí analizar un programa del Banco Mundial con un enfoque feminista y su crítica de cómo se etiquetan y describen los beneficiarios. Fue un ejercicio revelador donde comprendí que no se puede decidir si la teoría o la práctica es mejor. Comprendí que ambos enfoques son fundamentales para poder construir futuros programas de una manera informada y con la certeza de que la probabilidad de que fallen sea menor.
Ahora, ¿por qué es importante discutir la importancia de la teoría y de la práctica? Porque como futuros profesionistas a veces nos podemos sentir perdidos. De manera personal, al trabajar un tiempo en gobierno a nivel estatal, me frustraba sentir que no sabía si mi trabajo iba a beneficiar o impactar de manera positiva a los sectores más vulnerables. Sin embargo, al fortalecer nuestros estudios teóricos, complementándolos con experiencias prácticas, genuinamente creo que como profesionistas podemos crear una generación de agentes de cambio que nuestra sociedad necesita. Como futuros profesionistas en los distintos campos que hemos elegido, lograr un balance de ambos acercamientos nos podría encaminar a formar una generación de lideres competentes.
Alejandra Pérez Towns, egresada de la Licenciatura en Ciencia Política, generación 2019.
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