En los últimos años, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el campo del diseño ha generado tanto entusiasmo como inquietud. Muchas voces...
La crisis en Acapulco nos obliga a revisar la calidad constructiva, arquitectónica y urbana de todos los asentamientos humanos del país.
Si bien es normal que queramos dejarles a nuestros hijos una ciudad no solamente hermosa y cómoda pero resistente, en realidad en las últimas décadas nos hemos empecinado a construir lo contrario: asentamientos feos, incómodos y frágiles.
Y es que por diversas (negligencias) razones, hemos construido asentamientos que desde su concepción ya estaban obsoletos. Sólo faltaba un huracán o un buen golpe de realidad para darnos cuenta y sacarnos factura.
¿Qué debemos de hacer? ¿Cómo podemos construir asentamientos que resistan huracanes y que también satisfagan no sólo nuestras necesidades básicas sino también nuestros placeres?
Como la ciudad –y su planeación– es una tarea multidisciplinaria, se necesitarán atribuir diversas responsabilidades y capacidades:
UNO.––En primer lugar, volver a abrir los talleres de oficios tradicionales de construcción. Esto choca con nuestra concepción moderna la cual cree que las máquinas y algoritmos tienen que resolver todos nuestros problemas de toda índole desde románticos hasta arquitectónicos. Sin embargo, las construcciones que más tiempo han durado son las que se han construido con técnicas de construcción tradicional. Podemos buscar el hilo negro para descubrir el nuevo material o algoritmo del futuro que permita construir casas en Marte, o podemos formar profesionales en los diversos oficios tradicionales de construcción, los cuales son los que la población más valora, ya que incorporan en uno los tres criterios vitruvianos: la firmeza, la comodidad y la belleza.
¿Qué evidencia tenemos de esto? Cualquier persona puede ver en nuestros centros históricos grandes y pequeñas construcciones que desde siglos han permanecido de pie y que, gracias a sus cualidades arquitectónicas y a su diligente mantenimiento relativamente barato, no han sufrido daños mayores por parte de terremotos y huracanes. Es bien sabido que estas construcciones tradicionales están tan bien construidas que han albergado muchos usos diferentes en su interior, por ejemplo, los antiguos colegios o monasterios se han transformado al paso de los siglos y circunstancias en cuarteles militares, hospitales, oficinas y salones de eventos, conservando su construcción original porque desde el inicio pensaron en las cualidades de firmeza, comodidad y belleza. Para volver a alcanzar ese estándar, debemos volver a aprender esas técnicas constructivas que producen edificios no tan sólo útiles y hermosos, sino duraderos. Por lo tanto, debemos volver a abrir los talleres de oficios tradicionales de construcción.
DOS.––En segundo lugar, la arquitectura clásica tiene que volver a enseñarse en las facultades y escuelas de arquitectura. Y esto no será nada fácil debido a que los profesores de arquitectura promueven entre sus estudiantes que no deben diseñar proyectos que incorporen la ornamentación ni principios de construcción tradicional; por eso, todo lo nuevo que se ha construido es de carácter minimalista o funcionalista –estilos que se adscriben al Movimiento Moderno de la arquitectura– o bien, siguen plantillas creadas por inteligencia artificial. A veces, tenemos nuevos diseños clásicos o tradicionales, pero siempre con algún artificio que, rebana el edificio en dos (véase la obra del arquitecto polaco-estadounidense Daniel Libeskind), o que incorpora muros ciegos o elementos de vidrio que distorsionan con todo el edificio (véase la obra de la arquitecta iraní Zaha Hadid).
Los profesores de arquitectura llevan consigo una larga carga de argumentación en contra de las preferencias de la población y a favor del diseño modernista de corte más intelectual. No obstante, se debe permitir que los estudiantes tengan la libertad y el acceso a aprender arquitectura clásica o vernácula –hoy llamada bioconstrucción– por el simple hecho de que somos una sociedad que cree en la libertad creativa y en la pluralidad. Con la reinserción de la arquitectura clásica en los programas de estudio, no veremos la aparición de copias de edificios clásicos antiguos sino su adaptación al contexto y su libre reinterpretación, que además alegraría y enorgullecería a la población local y extranjera. Nuestras ciudades se han afeado por demasiado tiempo, y por igual, la calidad arquitectónica ha ido en picada. Por tanto, se debe de enseñar de nuevo la arquitectura clásica.
TRES.––En tercer y último lugar, el planeador urbano, urbanista o desarrollador debe estudiar con cuidado y mucha atención los elementos que hacen que una ciudad sobreviva al paso de los siglos. Una ciudad exitosa no es exitosa por contar con alguna cualidad misteriosa o espontánea que no se pueda explicar, ni tampoco por tener una construcción icónica de un arquitecto famoso. Las ciudades exitosas son las que ofrecen a sus habitantes edificios y lugares que cumplan con los tres criterios vitruvianos y que estos edificios y lugares estén distribuidos en distancias cortas para recorrerlas a pie. Las mejores ciudades cuentan con una red de accesos y vías públicas que hacen al caminar la opción de transporte más obvia.
Aunado a lo anterior, la zonificación por funciones (en residencial, comercial o recreativa) o la suburbanización deben de limitarse al mínimo debido a que sólo han encarecido la provisión de servicios básicos, el transporte y el comercio. Además, la urbanización por funciones específicas no ayuda a entretejer a una sociedad, sino que la fragmenta en sus propios guetos o enclaves. Calles y plazas relativamente compactas, con fachadas permeables o activas (es decir, con puertas y ventanas, y no muros ciegos) son más seguras porque ofrecen menos vías de escape para el delincuente, y hay más gente que pueda percatarse de alguna actividad delictiva. El transporte vehicular o automovilístico no debe estar peleado con el transporte peatonal o ciclista, pero construyendo con cuidado las calles y plazas usando los tres criterios vitruvianos, también puede volverse una experiencia de movilidad satisfactoria para todos, facilitar los tranvías ligeros, pero, sobre todo si dejamos de construir zonas exclusivamente residenciales extensísimas compensándolas con megaconstrucciones comerciales, podremos distribuir de mejor manera, más orgánica, la movilidad de personas.
Por ello, al urbanista deben bombardearlo con preguntas, como por ejemplo: ¿Cómo ve el desarrollo no en 10, 20 ó 30 años sino en múltiplos de cien? ¿Los materiales que se emplean para construir edificios y calles provienen de la región? ¿Qué hará para evitar las ‘ciudades dormitorio’? ¿Cree que sus hijos estén orgullosos de vivir allí? ¿Qué tipo de legado quiere dejar? ¿Cuál es la capacidad de ampliación de la infraestructura en caso de crecimiento poblacional? ¿Es el desarrollo amigable para niños y adultos mayores? ¿Recomendaría a visitantes pasar sus vacaciones allí? Estas son algunas preguntas que fuerzan al urbanista a pensar no sólo en términos abstractos sino en términos reales y empíricos. Ergo, el planeador urbano, urbanista o desarrollador debe estudiar los casos de éxito en ciudades que hayan logrado satisfacer por más tiempo a muchas generaciones.
Por supuesto que existen más responsabilidades y atribuciones necesarias para la correcta planificación y diseño urbano, como los promotores de bienes raíces, los medioambientalistas, los políticos y banqueros, pero por brevedad los he omitido en el presente escrito.
Quizá una última idea es que para la planificación de ciudades debemos alfabetizarnos, porque pareciera que vivimos en una nueva era oscura donde cualquier cosa puede significar cualquier cosa. Por ejemplo, se dice que puede haber comunidad en torres de departamentos lo cual es imposible, o se dice que los edificios de cemento, vidrio y paneles de plástico son ecológicos cuando se derrocharon cantidades industriales de energía y recursos para su producción y tienen una vida útil de menos de cien años, si bien alcanzan hasta los 50.
Por lo anterior, a través del Buró de Diseño y Planificación Urbana A.C., se crea consciencia sobre el buen urbanismo, y cómo éste puede, a pesar de huracanes y sismos, proveer ciudades más humanas y armoniosas con el medioambiente.
No hay varita mágica que diga que en un año o dos Acapulco volverá a relucir como nuevo y mejorado. Se necesita, más bien, de convicción real y racional para crear ciudades de verdad donde su población esté orgullosa de habitar en ellas; los ejemplos más recientes son Cayalá, Guatemala; Poundbury, Inglaterra; o Le Plessis-Robinson, Francia.
Flavio Díaz Mirón Rodríguez, egresado de Licenciatura en Ciencia Política, generación 2016.
Flavio es presidente del capítulo mexicano de INTBAU. INTBAU fue creado en 2001 para promover la construcción, arquitectura y urbanismo tradicionales, y desde entonces, ha crecido con más de 30 capítulos y cerca de 9000 miembros de más de 100 países. Trabajamos bajo el patronato de nuestro fundador, el rey Carlos III.
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