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El arte de confiar en tu camino

Lilia Angélica Carrillo 1

Lilia Angélica Carrillo Gómez, egresada de la Licenciatura en Artes Plásticas, generación 2007.

Empezaré contándoles que en las vacaciones navideñas encontré, mientras escombrava mi librero, un folleto con las licenciaturas que ofrecía la udlap en los años en que debía decidir qué estudiar, y subrayé las carreras en las que estaba interesada: Biología, Diseño de Información, Música y Artes Plásticas. Esta última fue la elegida, pues no podía imaginarme haciendo otra cosa que dibujar y pintar. En realidad, no tenía idea de en qué podía trabajar, pero no me preocupó mucho, pues la plástica era mi pasión. De niña me enrolé en las actividades artísticas que ofrecía la pequeña ciudad de Córdoba, como cursos de dibujo, pintura y exposiciones, y siempre resaltaba en las áreas creativas de mi escuela. También en casa me la pasaba pintando y confeccionaba ropa para mis muñecas. Pero lo que más me inspiraba, era el paraíso natural donde vivía, en Fortín: clima húmedo tropical lleno de formas orgánicas y bichos exóticos.

 

Ya en la Licenciatura en Artes Plásticas, aprendí muchas más expresiones de arte y disfruté enormemente mis clases prácticas y teóricas. Además, hice buenos amigos de muchas partes del país y del mundo, quienes me invitaron a conocer su realidad. Viajar dentro y fuera de México agudizó mi curiosidad por el arte y por otras culturas. Al término de la licenciatura hice un posgrado de ilustración creativa en Barcelona y me encantó el retorno a la tendencia de las cosas hechas a mano. Así que empecé a diseñar pequeños accesorios, collares, broches y pulseras, y a personalizar algunas prendas de vestir. Para todo esto usaba materiales reciclados que encontraba por la calle o que me regalaban, pues como estudiante debía ingeniárselas para conseguir recursos.

 

Terminó mi estancia en España y llegó el momento de regresar a México y replantearme qué hacer y de qué vivir. Al llegar me enfrenté con la realidad de tener que regresar a la ciudad donde crecí para cuidar a mi abuela materna, que estaba en cama. Eran días de contemplación y soledad, y esto hizo que sacara los hilos y retazos de tela de mi mamá y mi abuela, y que volviera a sacar el cajón debajo de mi cama donde guardaba el material con el que hacía accesorios que vendía en la secundaria, así que me puse a crear diseños nuevos de collares, aretes y pulseras. Ahí, en el cuarto donde mi abuela pasaba los últimos días de su vida, fue donde me reencontré con varias técnicas de bordado que había aprendido en la primaria. Hice mi primera colección con aproximadamente veinte diseños diferentes y los coloqué en tiendas de curiosidades hechas a mano y boutiques de conocidos. Las amigas de mi mamá y mis propias amigas fueron mis primeros clientes. Ese fue el comienzo de Lili Carrillo Joyería.

 

En 2009 mi abuela dejó de ser testigo de mis creaciones para emprender el viaje a las estrellas. En 2010 decidí mudarme de nuevo a Cholula y seguir con el diseño de joyería y algunos otros proyectos paralelos que iban surgiendo, como diseño, decoración, muralismo y participación en un cortometraje, pero nunca dejé de producir piezas y venderlas. Me gustaba mi nueva vida cholulteca. Vivía austeramente pero el gran premio era mi independencia. Un año más tarde ya tenía más ventas y tuve la necesidad de contratar más gente para atender la demanda, así que pensé en poner anuncios en centros públicos donde hubiera gente interesada. Si iba a ofrecer empleo, pensé en un proyecto social que incluyera a mujeres en situación vulnerable, madres solteras o mujeres embarazadas que necesitan trabajar desde casa. Entonces empecé la aventura de contratar personal sin tener experiencia previa de cómo hacerlo. Y ¿cómo empieza uno cuando no tiene idea? ¡Haciéndolo! Con lo que uno tenga: inocencia, incertidumbre, buena voluntad, sentido común, motivación, curiosidad, miedo y lo que sea, que sea el motor. Aprendí a ver las aptitudes en la gente y en mí misma. Algunos se fueron, otros se quedaron y así se fue formando el equipo. Yo seguía diseñando y buscando puntos de venta para nuestras bellas creaciones. Hice una solicitud para participar en un bazar de diseño independiente en la Ciudad de México llamado Bazar Fusión, al cual no era fácil entrar, y me aceptaron. Éste fue un espacio clave que nos conectó con el mundo exterior y nos dio nuevas oportunidades.

 

Al comienzo de esta etapa probé el sentimiento tan satisfactorio de compartir mi arte. Cuando la gente se lleva alguna joya, siento que una parte de mí se va con ellos y comparto mi esencia. Y a través de eso siento que viajo, conquistó nuevos horizontes y experimentar la trascendencia. Me di cuenta de que mis creaciones son una lectura y reinterpretación de la sabiduría infinita de la naturaleza, que está en el mundo para disfrutarla y reconocerla. Estoy convencida de que el simple hecho de ver y oler una flor es un acto sanador. Por eso, uno de mis momentos favoritos es cuando me voy un fin de semana a la naturaleza y luego regresó, pongo la música que me gusta y me siento en mi mesa de taller para materializar las ideas que llegan a mi mente en un dibujo, o viendo los materiales y colores que tengo. En este proceso pueden salir combinaciones inesperadas y nuevas mezclas de materiales.

 

Además de refrescarme con paisajes nuevos, soy muy curiosa, y la humildad de reconocer que aún me queda mucho por aprender me ha llevado a apuntarme en varios cursos que no sólo tienen que ver con procesos creativos, sino que me sirven para desarrollar áreas como emprendimiento, administración, ventas, moda y hasta desarrollo humano transpersonal. Algo que he aprendido es que el autoconocimiento es fundamental para darme cuenta de en qué área debo mejorar, pues siendo yo una persona tan imaginativa, distraída, sensible y soñadora, también necesito tener orden, disciplina, concentración y ser concreta en mis proyectos y mi vida diaria para no quedarme en la nube de la imaginación. Todo suma, y cuando te abres a las enseñanzas sin prejuicios puedes recibir grandes regalos. Siempre hubo la intención de crecer como empresa, pero ha sido un proceso gradual, poco a poco y sin perder la esencia. Así que en el camino de emprender mi propio proyecto puedo decir que mis ganas de crear, la confianza en mí misma, las ganas de aprender de mis errores, la paciencia y el enfocar mi energía en resolver problemas, han sido fundamentales para salir adelante. Mi mensaje para los recién graduados es que hay que darse el tiempo para hacer la lista de lo que «SÍ» quieres en tu vida, pues es algo que se va renovando cada cierto tiempo, y cambia dependiendo en el momento vital que te encuentras. También considero muy importante que pensemos en un proyecto social para cuidar el equipo humano y el medio en el que vivimos. Sí se puede crear un sistema sano en donde cuidemos unos de otros. Confiemos, es posible.

 

Agradezco a todas las personas que han sido parte de este crecimiento y que se han identificado con nuestras creaciones. Agradezco también a las manos trabajadoras que conforman este equipo. Actualmente Lili Carrillo Joyeria puede encontrarse en diferentes puntos en Puebla, la Ciudad de México, el Estado de México, Veracruz, Chiapas, Sonora, Guerrero, Alemania, Francia, España y claro, en línea en cualquier momento: lilicarrillo.com.