¿Qué pasos tomar para lograr el éxito?

De nubes a montañas: cómo transformar ideas en proyectos

 

Las ideas son como nubes. Eso observamos en la cultura popular (el dibujo de la nube encima de la cabeza es un símbolo universal para denotar pensamiento), al mismo tiempo que, en la cultura china, se consideran como la unión entre el cielo (lo intangible) y la tierra (lo tangible), así como ocurre con las ideas. Una idea puede percibirse como un concepto que sugiere una acción en potencia, y tiene su origen en la imaginación y la creatividad.

Por otro lado, los proyectos pueden verse representados por montañas. Tradicionalmente simbolizan una manifestación de la energía vital de la naturaleza, al mismo tiempo que se asocian con perseverancia: “escalar una montaña” es una analogía popular para referirse a sobrellevar tareas retadoras. Un proyecto contiene a una idea en su núcleo, y le proporciona una estructura para llevarla a la realidad mediante objetivos, planeación y desarrollo de actividades. Así como las cimas de las montañas se unen con las nubes, las ideas se unen a los proyectos en una interacción activa y dinámica.

Llevar una idea a un proyecto es un proceso que implica, antes que nada, conocer todo lo que la rodea. Lo anterior incluye los motivos que llevaron a que la idea se generara (un problema por resolver) y su contexto. Es importante prepararse con un conjunto de herramientas emocionales y de organización que permitan sobrellevar complicaciones, saberse adaptar, y tener disposición de aprender sobre la marcha. Asimismo, la administración de recursos (tiempo, financiamiento, entre otros) debe ser proporcional al progreso del proyecto. Destinar una cantidad amplia de recursos en las fases tempranas de un proyecto implica riesgos, pues su desarrollo naturalmente debe enfocarse en mitigar riesgos e incrementar beneficios.

El desarrollo de proyectos basados en ideas se fundamenta en un proceso de innovación. La cultura actual del rápido desarrollo tecnológico comúnmente lleva a pensar que la innovación tiene que ser disruptiva: proponiendo nuevas formas de resolver un problema, transformando paradigmas y abriendo mercados. Sin embargo, la innovación incremental es igual de importante: propone mejoras o cambios en productos o procesos existentes, y es el sustento de las iniciativas de mejora continua.

Sea cual sea el tipo de innovación presente, ésta debe de llevar tres elementos fundamentales: información, metodologías, y personas. El primero, debido a que es fundamental reconocer problemas y necesidades que se sustenten en datos verídicos. Por su parte, el segundo hace referencia a métodos de innovación tales como Design Thinking y Lean Startup, los cuales han ganado popularidad en el ecosistema emprendedor debido a su enfoque centrado en el cliente y su estructura iterativa que permite aprender y adaptarse de forma eficaz.

Los retos a los que nos enfrentamos en la actualidad hacen que sea necesario incluir varios elementos que orienten la innovación hacia un futuro sostenible. Esto involucra ampliar la perspectiva de un proyecto para que abarque los potenciales beneficios y/o riesgos en lo ambiental, social, y en cualquier otra área que le sea relevante. También hace necesario hacer que, al momento de presentarlo ante potenciales inversionistas u organizaciones, el proyecto sea atractivo y fácil de entender. Así como las marcas de teléfonos celulares se centran en las aplicaciones de sus dispositivos (como tomar fotografías con alta calidad o tener amplio almacenamiento), las presentaciones de proyecto deben enfocarse en los beneficios que otorgan y qué características lo hacen destacar.

De esta manera, el proyecto se vuelve más tangible. El siguiente reto que abordar es su factibilidad. Retomando la analogía entre el progreso en un proyecto y escalar una montaña, esta última requiere seguir una secuencia de pasos: preparar lo necesario, emprender el camino, acampar, escalar y alcanzar la cima. Igualmente, un proyecto con una meta general puede dividirse en tareas más pequeñas, las cuales a su vez pueden subdividirse. A este proceso se le conoce como gamificación, y otorga una herramienta poderosa para cualquier proyecto: claridad acerca de todos los pasos necesarios para lograrlo, identificando cuáles de ellos son críticos; es decir, que su retraso o adelanto modifica directamente los tiempos de las demás actividades. Una buena referencia para identificar cuando un proyecto tiene una buena división de tareas es cuando siempre resulta claro qué tarea inicia cuando otra termina.

Las estrategias antes planteadas permiten sentar las bases de un proyecto exitoso. Su ejecución aborda un conjunto más amplio de elementos, como lo son el establecimiento de metas claras, la definición de una propuesta de valor y de una estrategia de obtención de recursos (financieros, materiales, etc.) y la formación de un equipo de trabajo ágil y multidisciplinario. En el proceso de convertir las ideas en proyectos, es esencial tener un enfoque claro acerca de las ideas sobre las que están sustentados y la perseverancia para llevarlos a cabo. Ya sea para crear un producto/proceso, mejorar una situación, motivar o crear comunidad, las ideas que se convierten en acciones a través de proyectos son las que cambian al mundo.

 

Luis Gerardo Carvajal Fernández

luis.carvajalfz@udlap.mx

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