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¿Cómo hacer compliance y no morir en el intento?

Adriana Peralta Ramos

Adriana Peralta Ramos, egresada de la Licenciatura en Derecho, generación 2003.

Compliance es un término de origen estadounidense, y con su significado suelen asociarse conceptos como corrupción, políticas, procedimientos, faltas y castigos, en concordancia con su traducción al español como «Cumplimiento». Sin embargo, compliance es mucho más que eso, y una interpretación más cercana a la realidad sería «gobierno Corporativo».

 

Durante más de quince años he tenido la fortuna de laborar como compliance officer. En el vaivén de la vida, sin buscarlo, este rol llegó como muchas otras bendiciones: sin querer queriendo. En mi primer semestre en la udlap, gracias a una beca escolar, laboré en el Departamento de Servicio Social; mi tarea consistía en vigilar y validar, a través de auditorías a los alumnos prontos a graduarse, con énfasis en el cumplimiento, evitando prácticas acomodadas de regalos de un «conocido» que con una sola firma diera por realizado un servicio social real de 480 horas. Enfrenté situaciones que a mis 18 años no había vivido, casos en los que el deber-ser generaba un castigo para quienes buscaban el camino corto. Ahí conocí mis primeros casos de compliance, que más tarde se convirtieron en pilares fundamentales para mi formación académica, y sobre todo personal.

 

¿Qué es compliance?

Martin T. Biegelman, en su libro Building a World- Class Compliance Program, afirma que compliance«es establecer políticas y procedimientos adecuados en todos los centros de trabajo, para garantizar que todos cumplan con códigos adecuados, pues existen muchas cosas en las que una actuación puede ser legal pero no ética».

 

El compliance tuvo sus orígenes en 1977, con la promulgación de la Foreign Corrupt Practices Act (fcpa), Acta de Prácticas Corruptas en el Extranjero, en un intento por regular la conducta de individuos y compañías estadounidenses fuera de los límites de ese país. Más tarde se tradujo en el crecimiento de programas de compliance y ética empresarial, enfocados en la gestión de una cultura mejor, que ayudará a crear un ambiente de responsabilidad individual y empresarial, y fuera reconocida y apoyada dentro de las organizaciones por los líderes de las empresas (incluyendo no sólo al ceo y al grupo ejecutivo, sino a la propia junta directiva).

 

Haciendo compliance en un país que no siempre premia  por  cumplir

Recuerdo con claridad que en mi primera posición como compliance officer (feliz y orgullosa de haber sido nombrada), las primeras ideas que acudieron a mi mente fueron una incertidumbre inmensa y el deseo de entender y aprender lo que esta labor significaba. He estado a cargo de esta oficina por poco más de quince años, y he sido responsable de diseñar, implementar y monitorear los programas de compliance con la finalidad de mitigar riesgos legales, reputacionales y de control en las empresas. He tenido la fortuna de laborar en Estados Unidos, México, Centroamérica y el Caribe, trabajando y asesorando empresas globales de diversos giros: consumo masivo, retail y apparel, entre otras.

 

El estar a cargo de una oficina de compliance me ha dado grandes satisfacciones, pero también momentos de enorme frustración. Tras meses de elaborar un Código de Conducta y Políticas que pudieran dar más claridad y espacios para acompañar y mitigar riesgos, no faltaron personas que, por tener ciertas influencias, optaron por no apegarse a las buenas prácticas, sin importarles poner en riesgo a la empresa, a sí mismos y al resto del equipo. Sin embargo, también he aprendido que en nuestra cultura preferimos muchas veces justificar a quien roba o defrauda, con el pretexto de que nuestros gobernantes lo hacen sin mesura.

 

Estoy cierta de que los tiempos han cambiado, y hablar de la corrupción no sólo desde los ojos del ciudadano inconforme sino del cliente o usuario que demanda los mejores materiales y la mejor calidad, se hace evidente y real. La corrupción penetra y se extiende en la sociedad, y lo vemos diariamente. Y es justo entonces cuando surge el compliance como un método, un sistema que si bien puede aplicarse al interior de una empresa, un día será parte medular de nuestros gobiernos. Hacer compliance es sumarse a un gran esfuerzo por romper paradigmas, informar al dueño de la empresa, al director general o al presidente municipal que no sólo transando o dando una mordida se logra obtener un permiso o una licencia.

 

Compliance, el antídoto contra la corrupción

El compliance ha llegado a México y se quedará para siempre. Me complace y enorgullece sentirme pionera en este país. Saber que aquellas auditorías que hacía en Brasil, Guatemala, Perú, Colombia… hoy son estándares contemplados en las nuevas normas oficiales. La Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas, la Ley General de Responsabilidades Administrativas y la NOM 19600 forman ya parte de la normatividad de compliance, y desde luego, la lista seguirá creciendo.

 

¿Por qué un mexicano, por el solo hecho de cruzar la frontera, cumple a cabalidad las reglas de tránsito, por ejemplo, en los Estados Unidos? ¿Es acaso otra persona? Y no es por el hecho de que «allá no te cobran mordidas», ¡No! Es porque allá existe una «cultura» de cumplir. ¿Acaso en nuestro país no es una muestra de orgullo el que un amigo te presuma cómo le hizo para sobornar al oficial de tránsito, o cómo hace su mamá para no pagar luz y tener un «diablito» cargándole la factura al vecino? Estoy segura de que el cumplir obedece no sólo a crear leyes o políticas, sino a un ajuste en nuestra educación, en la forma como percibimos y vivimos la integridad y la ética. La verdad y el conocimiento nos harán libres, y en la medida en que la filosofía del cumplir sea difundida y aceptada, podremos avizorar nuevos y frescos aires para el futuro. Es entonces nuestra misión acompañar a los futuros aprendices en este nuevo mundo. Habrá momentos cuando creerás que ese gran esfuerzo no ha valido mucho, porque con donaire quizá alguno presumirá que con «cien pesos logró lo que ni cien abogados habrían ganado»; sin embargo, con la velocidad a la que nos movemos, poco reparamos en para lograr eso que tan pocos presumen, que se llama «buena reputación».

 

Recientemente, con el deseo vehemente de compartir en lo que creo, de dar luz y nombre claro al rol laboral en el que me he desenvuelto durante más de quince años, y con el afán de aprender y sobre todo con la firme idea de poner ese granito de arena que a cada uno nos corresponde en el camino contra la corrupción, escribí mi primer libro: Compliance en México: El antídoto contra la corrupción. Y es que sí, el compliance es el verdadero antídoto contra la corrupción. Porque compliance es cada uno de nosotros, no el gobernante, no el maestro, no mi vecino: soy yo, somos todos. Mi paso por la udlap me dio las herramientas, la visión y los elementos necesarios para vivir el compliance que hoy es mi profesión. Por ello, estoy cierta de que cumplir es posible, cumplir está en nosotros. Sólo basta dar el primer paso para entrar en ese círculo virtuoso que se llama confianza. Será entonces cuando la magia de inicio… y nadie la podrá detener.